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12 oct. 2013

¿Cómo ve un bebé?

Uno de las primeras cosas que te preguntan los padres en una sala de partos es si el recién nacido los ve. La mayoría ya intuyen que los niños no nacen ciegos, aunque no ven tan bien como muchos creen. Y es que, aunque a veces se nos olvida, hay que aprender a ver, igual que a caminar o a hablar. Aprender a fijar la vista en los objetos, mover los ojos de manera coordinada y otras facultades visuales es una tarea que requiere práctica.

Si bien los recién nacidos están dotados de todas las estructuras ópticas necesarias para una correcta percepción visual, son muy hipermétropes (el 75% de los niños nacen con 2,50-2,75 dioptrías), puesto que los ojos tienen un diámetro corto y la imagen se forma detrás de la retina. De modo que la visión en los primeros días de vida consiste básicamente en distinguir luces y sombras. Conforme crece el niño, el ojo va creciendo y, por tanto, disminuye la hipermetropía, aunque en una parte importante de la población esta corrección no es completa y puede persistir una hipermetropía residual que no hace falta tratar

Debido a esta imperfección visual, los recién nacidos prefieren imágenes bien perfiladas, móviles y con relieves (puesto que es lo que ven mejor), un  buen ejemplo son las caras humanas.

Alrededor del mes de vida, los bebés ya son capaces de seguir con la mirada un objeto, ya que los contrastes cada vez son más definidos. Además empiezan a formar lágrimas con todos sus componentes acuosos, mucosos y proteicos (antes de este momento, los ojos del bebé están protegidos por secreciones, pero al no estar todos los componentes, no se forman las lágrimas del llanto tal y como las conocemos). 

Fuente: lasermom.wordpress.com
 
Por otro lado, al no enfocar bien y debido a la inexperiencia del niño, los ojos pueden no estar bien alineados durante los 6 primeros meses, dando la impresión de encontrarnos ante un estrabismo. Por este motivo, no se puede valorar la presencia real de este problema hasta más allá de los 6 meses.

El ojo infantil crece hasta los 8 años (si no hay problemas de refracción, vease la miopía). La agudeza visual máxima se alcanza a los 5 años de edad aproximadamente.

Como nota friki os dejo un enlace de la Universidad de Stanford, donde se pueden subir fotos para simular como las ve un bebé de diferentes edades: http://tinyeyes.com/tinyeyes/


Fuentes: 
  •  Ceriani Cernadas; Neonatología Práctica. Ed. Médica Panamericana. 2009. 4ª edición. Buenos Aires.

4 oct. 2013

En un panal de rica miel...

Estaba el otro día de guardia, cuando vi cómo realizan las enfermeras una cura de una tumorectomía mamaria a una paciente. Y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que, en lugar de echar un chorro de Betadine, ¡¡usaban miel!! Y buscando un poco, he descubierto que la miel, la melaza y el azúcar granulado han sido utilizados para la cura de heridas y de quemaduras desde hace siglos. 

Los efectos antimicrobianos del azúcar han sido ampliamente estudiados, motivo por el que se ha rescatado su uso en la práctica clínica tras estar abandonado durante décadas. En realidad, si lo pensamos detenidamente su uso no es algo tan excéntrico, puesto que estamos muy familiarizados con el principio antibacteriano del azúcar, al menos en la conservación de alimentos, como las mermeladas.

Aplicada directamente sobre una herida, la miel crea un ambiente ácido no apropiado para las bacterias. La glucosa oxidasa es una enzima que poseen las abejan y pasan a la miel que tiene la capacidad de liberar peróxido de hidrógeno (agua oxigenada para quien no lo recuerde) a niveles suficientes para ser antiséptica, pero fácilmente neutralizable en los tejidos, gracias a la catalasa de nuestras células. También se ha identificado en la miel un nuevo péptido, llamado defensina-1, con propiedades antimicrobianas. Además, la glucosa tiene un gran poder osmótico, es decir, retiene mucha agua, de modo que supone una concentración tan elevada que produce la ruptura de la pared bacteria. Por otro lado, el peróxido de hidrógeno que aporta la miel tiene un efecto estimulante sobre los fibroblastos encargados de recomponer el tejido dañado. 

En fin, parece que nos encontramos ante un remedio que es a la par bactericida y cicatrizante. Así que, a diferencia de la mayoría de hoax que recomiendan echarse todo tipo sustancias sobre las heridas (como el famoso caso de la clara de huevo), esta vez sí tiene fundamento científico.


Fuentes:
  • Mphande, A.N.G. et al.  Effects of honey and sugar dressings on wound healing. Journal of Wound Care. 2007 16: 317-319.
  • Medhi, B. et al. Topical Application of Honey in the Treatment of Wound Healing. A Meta-Analysis. J.K. Science. 2008. 10:166‑9.