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24 oct. 2012

Darse rayos UVA antes de ir a la playa, cosas raras que hace la gente con su piel

Son muchos los excesos que se han cometido con el objetivo de lucir un bronceado, y creo que en el debate sobre las ventajas y desventajas de ir más blanco que la escayola o de tumbarse al sol hasta la cremación poca cosa puedo aportar que los lectores no sepan ya. Simplemente revisaremos algunas prácticas que se llevan a cabo desde que la gente empezó a tomar conciencia de que el bronceado no es tan inofensivo como creíamos. No estaba segura de que finales de octubre sea el mejor tiempo para este post, pero teniendo en cuenta la proliferación de las cabinas de rayos UVA, parece que cualquier fecha vale para presumir de moreno.

Una de las prácticas que más ha adoptado la gente es ir a las cabinas de rayos UVA antes del inicio del verano para ir a la playa con algo de bronceado que les proteja del sol. Todos sabemos que hay relación entre la cantidad de melanina de una persona y la protección de esta frente a los efectos del sol; una piel oscura está más protegida frente al daño que el sol provoca en el DNA que una piel clara. El problema radica en el tipo de bronceado que conseguimos con una cabina de rayos UVA o con la exposición solar. Aunque visualmente ambos bronceados son iguales, la melanina no se comporta de la misma manera.

Los rayos ultravioleta que nos llegan están formados por un 94% de rayos UVA (con una longitud de onda de 320~400 nm) y por un 6% de UVB (290~320 nm), aunque estos datos varían según el lugar de la Tierra donde estemos. A pesar de que la mayor parte de los rayos ultravioleta sean de tipo A, los tipo B son más agresivos, ya que causan daño directo en el DNA. Sin embargo, los de tipo A causan daño oxidativo a través de la formación de radicales libres, que a su vez dañan el DNA (daño indirecto) y son los principales responsables del envejecimiento de la piel. Así que ambos tipos de UV pueden provocar cánceres cutáneos, aunque los UVA lo hagan con menor frecuencia. 

Y ahora que sabemos distinguir un tipo más los rayos UVA y los UVB, ¿qué hay del bronceado que conseguimos con cada uno de ellos? Los rayos UVA no fomentan la producción de nueva melanina; de hecho, se produce un bronceado rápido porque estos rayos potencian la redistribución de la melanina ya existente y la oxidan proporcionando más color), pero este hecho no nos protegerá del sol posteriormente. Los rayos UVB sí favorecen la creación de nuevos gránulos de melanina, con el consecuente bronceado retardado, que se inicia a los 2-3 días y es máximo a los 15 días, además de producir también un bronceado rápido.

Con lo que ahora sabemos, podemos afirmar que la susodicha práctica carece de sentido y puede ser peligrosa, sobre todo porque hay gente que, cuando se pone morena, no se pone tanta crema y pasa más rato al sol. Pero, ¿y si solo usáramos los UVA para ponernos morenos y evitáramos tomar el sol, puesto que los riesgo de cáncer cutáneo son menores? Por un lado, el bronceado de los UVA dura menos (a lo sumo un par de semanas), así que necesitamos más exposiciones a lo largo del tiempo. Además, es importante recordar que la vitamina D es sintetizada gracias a la acción de los rayos UVB, los UVA no nos ayudan a metabolizarla.

Frikidato
  • Ahora que se acerca el invierno, hay quien tiene la tentación de tomar el sol a través de la ventana. ¿Sirve de algo? Cuando tomamos el sol a través de un cristal la luz ultravioleta UVB no penetra y lo único que recibimos es UVA, porque tiene una mayor longitud de onda. Para calentarse y coger un pelín de color no está mal, pero vitamina D, nada de nada...


Fuentes:

14 oct. 2012

Alicia en el país de la neurología

¿Quién podía imaginar que una de las joyas de la literatura inglesa, Alicia en el país de las maravillas, escondía un pequeño tratado de neurología? Y es que algunos de los entrañables personajes que recordamos de nuestra infancia han inspirado a neurólogos para describir curiosos síndromes.

Síndrome de Alicia en el país de las maravillas

Este fenómeno, bautizado en honor a nuestra pequeña protagonista, fue descrito como la percepción alterada en la forma, tamaño y situación espacial de los objetos, así como la distorsión de la propia imagen corporal y del transcurso del tiempo, generalmente experimentado por niños y adultos con migraña, como parte de las conocidas auras migrañosas (percepciones que pueden anticipar la aparición de migrañas). Los pacientes son conscientes de la irrealidad del fenómeno, a pesar de la intensidad y del realismo con el que lo viven. 

Lewis Carroll padeció migrañas según lo atestigua su diario personal, y con frecuencia se ha sugerido que él mismo podría haber experimentado el síndrome, que le habría inspirado para escribir la famosa escena del pastel  y la bebida que encogen y agrandan a Alicia. 




Síndrome del gato de Cheshire

El gato de Cheshire tenía la capacidad de aparecer y desaparecer a su antojo, gradualmente hasta dejar solamente su sonrisa. Alicia había visto gatos sin sonrisa, pero no una sonrisa sin gato... El síndrome del gato de Cheshire, pese a no estar muy bien descrito a causa de los poquísimos casos que hay en la literatura médica, es la descripción de algunos casos peculiares de un tipo de vasculitis (inflamación de vasos sanguíneos), la poliarteritis nodosa, que aparece en estos pacientes con sus múltiples expresiones clínicas de un modo muy claro (con afectación renal, neurológica y cutánea sobre todo), pero cuando se hace la biopsia no hay evidencias de vasculitis, solo aparece el daño a los tejidos que ha producido.




Síndrome del sombrerero loco

En el siglo XIX, los sombrereros utilizaban mucho el nitrato de mercurio, necesario para trabajar la piel de conejo en los sombreros de fieltro. Esta tarea provocó una alta incidencia de intoxicaciones por mercurio en el gremio, causando básicamente síntomas psiquiátricos (hiperactividad, desequilibrio emocional, insomnio), lesiones en nervios periféricos y temblores, motivo por el que se acuñó la expresión as mad as a hatter (más loco que un sombrerero). 

Es muy posible que la personalidad excéntrica del personaje de Carroll fuera un reflejo de la  exposición laboral a que se veían abocados estos profesionales.





La tartamudez de Dodo

Es muy posible que muchos no recuerden a este personaje, a menos que sean unos entusiastas de la obra. El tímido Dodo es uno de los animales que se baña en el Mar de Lágrimas que provoca Alicia y que propone que todos los animales mojados hagan una carrera, donde los participantes corren de cualquier forma, sin principio ni fin, de modo que todos ganan. Ese personaje poco destacado está inspirado en el propio Lewis Carroll, que sufría una importante tartamudez hasta el punto de no poder pronunciar correctamente su verdadero nombre, Charles Dodgson, (Do-Do-Dodgson), de ahí el nombre del simpático animal, como el mismo explicó.

Fuentes: 
  • Todd, J. Syndrome of Alice in Wonderland. Canadian Medical Association Journal, Ottawa, 1955, 73: 701-704.
  • Bywaters, E.G. The Cheshire cat syndromePostgraduate Medical Journal. 1968 January; 44(507):19–22
  • Murray,  TJ. The neurology of Alice in Wonderland. Can J Neurol Sci 1982;9:453-457.

5 oct. 2012

¿Son los cadáveres causa de epidemias?

La idea de que los cadáveres causan epidemias en zonas afectadas por desastres naturales está bastante extendida entre la población y puede llevar a que los asistentes se apresuren a enterrar a los fallecidos, descuidando acciones más importantes, como el auxilio de los supervivientes. Este mito tan asumido, incluso entre muchos médicos, debió nacer a raíz de las epidemias de Peste Negra que asolaron Europa siglos atrás. Históricamente, las epidemias que causan un número alto de víctimas sólo han ocurrido a causa de algunas enfermedades como la peste, el cólera, la fiebre tifoidea, la tuberculosis y la viruela, haciendo necesario deshacerse rápidamente de los fallecidos. Sin embargo, es poco probable que estas infecciones estén presentes entre las víctimas de desastres naturales.

En el inicio de una catástrofe, las principales causas de muerte son traumatismos, ahogamientos o incendios, de modo que hablamos de personas que, antes de morir, no tenían porqué estar infectadas de enfermedades frecuentes en zonas damnificadas. O si lo estaban, la probabilidad era igual de alta que entre los supervivientes; de manera que el riesgo de contagio es mayor entre los vivos. Pensemos que los cadáveres pierden su temperatura interna a gran velocidad (aproximadamente a razón de un 0'75ºC por hora), por lo que las bacterias mueren rápidamente, haciendo muy difícil su paso a vectores y de los vectores a la población general. Respecto a las enfermedades víricas, como hepatitis o VIH, solo representan un riesgo si se entra contacto con los fluidos de los muertos en los primeros días, ya que estos virus no duran más de dos días en un cadáver (mientras que el VIH puede sobrevivir hasta 16 días y a temperaturas de hasta 2ºC).

Pero hay un grupo de infecciones que merecen especial atención en este tipo de situaciones: las enterobacterias, formada por parte de la flora del intestino, como E. coli, Salmonella o Yersinia, así como Vibrio cholerae, que son bacterias bastante resistentes y pueden sobrevivir durante semanas en un cuerpo sin vida. Si bien es cierto que hay un leve riesgo de contaminación de las aguas por la materia fecal de los cadáveres, este riesgo se limita en gran manera con la recogida de los cadáveres de las zonas fluviales. Las razones de la frecuencia de este tipo de epidemias después de una catástrofe se explica básicamente por la falta de medidas sanitarias, la destrucción de los sistemas de agua potable y el hacinamiento de los damnificados, con mucho más peso que la presencia de muertos en la zona.

Según las investigaciones del Water, Engineering and Development Centre (WEDC) de Reino Unido, la relación entre cadáveres y epidemias nunca se ha demostrado científicamente, ya que es muy difícil que las aguas se contaminen debido a cadáveres no enterrados y, para más inri, algunos métodos de entierro causan más daños que los propios cuerpos, como la incineración masiva, que produce grandes cantidades de humo y contaminación atmosférica.

No diremos que no es importante enterrar a los difuntos, primero por respeto hacia ellos y sus familias, así como para evitar escenas que pueden resultar muy angustiosas para los habitantes. Por estos motivos, lo recomendable es recoger los cuerpos en zonas habilitadas para su posterior identificación, puesto que un entierro precipitado, como en las fosas comunes o las incineraciones masivas, convierte a esos fallecidos en "desaparecidos", con los problemas legales que eso conlleva.


Fuentes: