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29 abr. 2012

Dos maneras distintas de morir de hambre

Muy probablemente estas dos personas nacieron separadas por una gran distancia (tanto geográfica como económica) y, aunque ambas tienen un severo problema de desnutrición, ni siquiera en este aspecto su cuerpo lo vive de la misma manera.

 


Muchas veces me había preguntado por qué los niños africanos que salían en los anuncios de Intermon tienen ese aspecto tan distinto de la imagen más extrema que nos muestra la desnutrición en el primer mundo. La principal diferencia reside en el tipo de alimentos que son restringidos en ambos casos. 

El niño que vemos en la fotografía padece kwashiorkor, que es un tipo de desnutrición basada en la falta de proteínas. El nombre de esta desnutrición proviene de una lengua ghanesa y lo podríamos traducir como "el que es desplazado" porque la enfermedad se inicia cuando un niño que, hasta ese momento ha sido alimentado con leche materna, es destetado para que ocupe su puesto un recién nacido. La leche materna es rica en proteínas y si al destetar al niño, no se le introduce una dieta con la proporción adecuada de proteínas, como sucede en algunas regiones del mundo, y se le alimenta casi exclusivamente a base de hidratos de carbono, obtenemos este cuadro de desnutrición tan característico.

Otra hipótesis que se ha estado barajando desde no hace mucho tiempo sería que, además de la escasa ingesta proteica, estos niños puedan consumir comida enmohecida (propia del clima cálido y húmedo en el que viven los afectados), con la correspondiente cantidad de aflatoxinas que producen algunos hongos, como el Aspergillus. Las aflatoxinas son metabolizadas en el hígado, donde se convierten en un metabolito que ataca las células hepáticas. Teniendo en cuenta que el hígado es el principal órgano productor de albúmina y que una parte importante de estos niños tienen alteraciones hepáticas, esta teoría podría muy bien explicar la severidad del kwashiorkor.

¿Y por qué no ingerir suficientes proteínas da ese aspecto?

Lo que más nos llama la atención a primera vista es el volumen abdominal y, si nos fijamos un poco más, el hinchazón de los tobillos y los pies (edemas). Esto es debido a que las proteínas, especialmente la albúmina, tienen una función específica cuando se encuentran en el plasma sanguíneo que es retener agua; es lo que se conoce como presión oncótica, que voy a explicar en un pequeño inciso para quien quiera profundizar un poco más.

Al ser los capilares sanguíneos poco permeables a las moléculas de elevado peso, como es el caso de las proteínas, estas tienden a acumularse en el plasma y son muy escasa en el espacio extravascular (o intersticial). Así que se crea un gradiente de concentración entre el interior de los capilares y el espacio extracapilar, que implica una tendencia del agua a compensar dicha diferencia retornando al capilar sanguíneo con una cierta presión (la presión oncótica). De este modo, si disminuimos la concentración de proteínas en plasma, la presión oncótica se reduce y el agua sale al exterior, acumulándose en aquellas zonas del cuerpo donde los tejidos sean laxos y se presten a distenderse (como los tobillos, el abdomen o los párpados).

Fuente: http://www.genomasur.com

Claro que reducir todos los problemas que sufren estos niños a una simple falta de proteínas es muy burdo, puesto una dieta tan desequilibrada tampoco aporta las vitaminas ni los minerales necesarios, y la repercusión se ve tanto a corto plazo, con problemas dermatológicos e inmunodeficiencias, como a largo plazo, por alteraciones del crecimiento o retrasos mentales. 

Por otro lado, el tipo de desnutrición que observamos en nuestro entorno es el marasmo, una restricción proteico-energética, puesto que se reducen todos los tipos de nutrientes de manera indiscriminada, tanto hidratos de carbono, proteínas, como grasas, así que aunque también podría haber algo de edema por la falta de proteínas, esta nunca llega a ser tan escandalosa como en el Kashiorkor, posiblemente (aunque no se puede asegurar del todo) por la hipótesis de la aflatoxina.


23 abr. 2012

¿Por qué ha desaparecido la mercromina?

Todos los que tenemos más de 20 años recordamos sin problemas lo que era la mercromina y que un día y sin saber cómo ni por qué la mercromina ya no estaba allí y que en su lugar había un llamativo bote amarillo llamado Betadine. 

La mercromina llegó a España en los años 30 desde los laboratorios de EEUU de la mano del químico José Antonio Serrallach, que fue quien la bautizó a partir del principio activo, que es la merbromina. La mercromina es un antiséptico de la familia de los mercuriales, que contiene merbromina al 2% (molécula que presenta mercurio), junto con una mezcla de povidona, lauriléter polioxietilénico y agua purificada. Su capacidad desinfectante se debe a la acción del metal pesado, que inhibe enzimas de los microorganismos, de modo que impide que su multiplicación (es un bacteriostático, no un bactericida, puesto que no mata los microbios) y sus principales víctimas son bacterias, tanto Gram positivas como Gram negativas, algunos hongos, virus, pero no afecta a las esporas ni al bacilo de la tuberculosis. 

¿Por qué desapareció? ¿Tiene que ver con el hecho de qué contenga mercurio?

Pues en realidad, más que desaparecer, ha sido desplazada de su trono en el botiquín; porque en España todavía sigue comercializándose (aunque sus ventas hayan bajado en picado). El culpable de su caída es la aparición del Betadine (Povidona yodada al 10%), que no lo tuvo demasiado difícil para desbancarlo. La povidona es mucho más efectiva, ya que en la escala antiséptica la mercromina tiene una potencia baja y su rival es de potencia intermedia, el espectro de microorganismos que ataca es mayor y, lo que es más importante, no provoca tantas reacciones de hipersensibilidad cutánea como lo hacía la mercromina.

Si bien es cierto que en las últimas décadas hemos ido deshaciéndonos gustosamente de todo aquello que suene a mercurio, no hay ningún estudio que apunte a la mercromina como un compuesto perjudicial para la salud. El único motivo real por el que países como EEUU lo han desterrado del listado de fármacos seguros y efectivos es que la mercromina es un fármaco bastante antiguo y ha dejado de ser rentable, así que no hay ninguna farmacéutica dispuesta a gastarse dinero en estudios modernos que corroboren su eficacia y seguridad.

Frikidato


A raíz del uso de la mercromina para desinfectar el cordón umbilical de los recién nacidos se descubrió una de las reacciones de hipersensibilidad más curiosas que recuerdo: El "Baboon Syndrome" (el síndrome del babuíno) en el que la hipersensibilidad se destaca por un enrojecimiento del culito del bebé y de ahí el nombre... Sí, los médicos también tenemos una faceta humorística importante...