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15 de sept. de 2011

Me duelen los huevos (de amor por ti...)

Supongo que la mayoría de los caballeros sabrán de qué vamos a hablar hoy. Uno está en pleno arrebato pasional y, de repente, ella dice no, alguien llama a la puerta o cualquier otra cosa puede acabar con la magia del momento... y también con un molesto dolor en la entrepierna.

¿A santo de qué viene este dolor?

Para entender el porqué, es necesario que aclaremos primero que sucede durante una erección. Las erecciones están controladas por el sistema nervioso parasimpático, que predomina cuando estamos tranquilos (el mismo que se encarga de reducir la frecuencia cardíaca y la tensión arterial entre otras cosas), así que ya podéis deducir por qué los nervios y los gatillazos pueden ir de la mano. El sistema nervioso parasimpático aumenta el diámetro de los vasos sanguíneos en la zona genital con el consiguiente envío de una gran cantidad de sangre y activa los músculos necesarios para colapsar las venas por donde la sangre debería retornar. Así se consigue que el pene tenga el tamaño y consistencia suficientes para el revolcón.

Cuando llega la eyaculación, quien toma las riendas es el sistema nervioso simpático (que tiene unas funciones antagónicas al parasimpático, basta con que os imaginéis una situación de pánico para saber cómo actúa). En ese momento, los músculos pélvicos se relajan y permiten que las venas y los vasos linfáticos drenen la sangre acumulada y el pene vuelva a la situación basal.

Si la erección no culmina con una eyaculación, la sangre se drena mucho más lentamente, produciendo una congestión molesta en la próstata, ya que tiene que soportar una alta presión sanguínea mantenida durante demasiado tiempo.

Dicho esto, supongo que no hace falta que os explique cómo se pueden prevenir estas molestias. Solamente una recomendación: No empieces lo que no puedas terminar.


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